martes, 27 de septiembre de 2011

los demonios del alma

¿Cuántos días os levantáis con esa desazón imprevista que de pronto os invade por completo, sin dignarse a explicar por qué lo hace y lo único que permite es que  por vuestro cerebro sólo circule un deseo irreflenable de sacar un látigo de armas medieval y pasar el día reventando cabezas?

¿Cuántas mañanas la necesidad de rebelarse contra este mundo de mierda que estamos creando y dejando en herencia para nuestros vástagos, nos hace escupir odio incluso al que nos mira desde el espejo?

autor Luis Royo
¿Cuántas jornadas sufrimos el ataque de la ira, que escondida en nuestro corazón, se atrinchera aprovechando cada una de las puñaladas que el prójimo, o incluso nosotros mismos, nos propinamos sin ni siquiera darnos cuenta de que la mierda que se echa hacia arriba tiene, irremediablemente, un único destino final que no es otro que aterrizar en nuestras propias cabezas?

Son los demonios del alma, engalanados de sentimientos sacados del baúl de la oscuridad más profunda de la mente y el corazón humano.
Brillantes camisas de envidia, polainas de ira, chalecos de odio, casacas de reproches, medias de egoísmo, escarpines de complejos y sombreros de soberbia, que les convierten en los auténticos señores de la decadencia del interior de éste, nuestro fútil envoltorio de carne.

autor Luis Royo
      Es indiscutible que cada uno dibujamos el nuestro propio, puede que naciera por un desengaño amoroso, o por una muerte temprana; tal vez por un sentimiento de inferioridad no atajado, o por una sensación de soledad tan arraigado que ni con podadora seríamos capaces de quitárnosla de encima; quizá es fruto del matrimonio entre   la codicia y la envidia de lo ajeno, hay cientos de patrones, no lo dudemos, y todos y cada uno de ellos son dañinos y dolorosos para su víctima.

Pero tenemos que ser conscientes de que siempre que un demonio asoma, existe la forma de enfrentarnos a él y vencer en el combate, aunque dudemos sobre cuál es la manera de hacerlo, aunque el método que elijamos parezca ridículo, aunque creamos que será inútil...
Ellos son discípulos del miedo y por lo tanto, la primera actitud que debemos tomar es la de echarle cojones y encontrarles el punto débil.
Nosotros podemos tener momentos de debilidad, pero nuestros demonios son íntegramente debilidad, por eso, y aunque en esos momentos no lo creamos, son completamente factibles de salir derrotados.
  
autor Luis Royo


Asi que, desde mi humilde consejo, y siendo una víctima más que asidua de los enfrentamientos con mis propios demonios, os arengo a que no permitáis que vuestra esencia se vea ennegrecida y envuelta en la podredumbre del miedo y sus vasallos.
Luchad, venced y tratad de ser una buena persona, para vosotros mismos y para vuestros congéneres!!!

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