jueves, 29 de septiembre de 2011

besos

¿Quién se atreve a decir que no le gustan los besos?
Un gesto tan sencillo, tan amable, tan dulce y que tanto reconforta....

Hay besos de mil clases, claro, yo me quedo con los besos de una madre, esos que son capaces de hacer desaparecer en una décima de segundo el mayor de los sufrimientos, esos que te convierten en el rey del mundo, que llegan en ráfagas achuchadas que oprimen los mofletes y te hacen exclamar un ¡ay, mamá,para! cuando en realidad te estás dejando llevar a esa, tu edad más tierna de la infancia, recordando por un instante que para ella sigues siendo su "nena" y que en su regazo se estaba mejor que en cualquier isla paradisíaca...

Disfruto de los besos que les doy a mis sobrinos, porque no hay nada más puro que esos pequeños gamberros que nos tienen sorbido el seso, y que consiguen con su sonrisa inocente y a la vez maliciosa, que nos convirtamos en sus sumisos sirvientes, todo a cambio, claro, de dejar que continuemos con la saga materna de besos apretados y profundamente sonoros!!

Me encantan los besos compartidos con todos los que llenan mi alma, esos que me besan de borrachera lo mismo que me besan cuando me ven caer, porque, sólo con ese gesto, nos decimos mucho más de lo que podemos decirnos conversando durante horas.

Elijo también los besos apasionados, esos que se dan a la persona que despierta tus bajos instintos, que aceleran tu pulso y el ritmo de tu corazón mientras tus sentidos entran en una vorágine de deseo sexual y amoroso, besos salvajes, voraces, húmedos....

Adoro los besos robados, esos que no te esperas pero te hacen sonreir, sabiéndote querida en cualquier situación y admiro los besos que se usan simplemente por saludar, porque significan mucho más, demuestran que somos capaces de acoger en nuestro círculo a alguien que tal vez, hasta ese momento, no era más que otro ente que paseaba por el mundo.

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