Que nos domina y nos consume, por creernos dioses de un falso reino de los cielos en la tierra, cuya única religión es la de ser más que el de enfrente y ser los todopoderosos individuos que diseñan sus propios mandamientos de odio y venganza, aplicables a cada minuto y a cada ser que nos hace sentirnos en inferioridad de condiciones.
Que nos invade y nos prohibe cualquier manifestación de vida, y nos torna en víctimas del tedio y de una inocua ensoñación, coartando esos momentos que llenan nuestros diarios y nuestros recuerdos. Que sirve de esbirro a la muerte, ya que de ella aprendió a expandir la nada por el mundo y es lo único que de ella se puede esperar.
AVARICIA
Que nos transforma en monstruos del consumismo atroz y sin sentido, en egoístas desquiciados por el individualismo de la ley del "todo para mí" y fanáticos del "yo más", sin más aspiración que la de aglutinar un tesoro de vacío moral y emocional a cambio de un infinito escaparate de objetos inservibles y condenados al amontonamiento en el baúl de "lo que nunca necesité" LUJURIA
Que antepone el hedonismo de los cuerpos, lanzando un ataque mortal de necesidad al amor puro y verdadero, condenando al cerebro a una obsesión perniciosa por el placer y la promiscuidad más desidiosa, alimentando los "virus del amor" y la lejanía de los corazones.
Que antepone el hedonismo de los cuerpos, lanzando un ataque mortal de necesidad al amor puro y verdadero, condenando al cerebro a una obsesión perniciosa por el placer y la promiscuidad más desidiosa, alimentando los "virus del amor" y la lejanía de los corazones. Que nos corroe las entrañas diluyendo cualquier atisbo de felicidad, mientras anhelamos compulsivamente cualquier cosa del prójimo, cegando la visión de nuestra propia realidad y la autovaloración de los logros alcanzados, envolviendo en una capa de lodo viscoso nuestros méritos y virtudes.
Que llena nuestras barrigas de indigestiones y excesos sin sentido, como hienas desbocadas en una sociedad de bestias salvajes lobotomizadas por las grandes proveedoras de productos rancios y antinaturales, que satisfacen el vacío moral del gentío con clembuterol, excipientes, conservantes y pseudo-bebercios contaminantes del cuerpo y el alma.
SOBERBIA
Que delata sin compasión la nimiedad del ser humano, creyéndose parte dominante del juego de la vida y demostrando cuantísimo debemos aprender. Que desprecia el respeto y la tolerancia, sacudiendo por derecho adquirido, la colaboración entre iguales y la inteligencia, que se esconden temerosas de recibir su manotazo desdeñoso de estupidez y anhelo de superioridad. El pecado más frecuente y el más peligroso, ya que acumula en su esencia una pincelada de todos los anteriores, sirviéndose así de un amplio abanico de oscuridad para ennegrecer lo bello que puede mostrarse un ser humano.



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