lunes, 9 de julio de 2012

SOÑÉ QUE SOÑABA....

Soñé que tenía un sueño...
Soñé que mi alma volaba libre, ligera, recorriendo paisajes llenos de colores, olores y formas voluptuosas que envolvían con su fragancia la torpe presencia de mi ser, iluso y confuso a partes iguales, ansioso de vida y machacado por la afrenta de la oscura realidad.
Y viajaba sonriente agarrando nubes sin forma y gotas de colores que asombraban mi conocimiento y me alejaban de la sombra y el dolor.
Y escuchaba sonidos tintineantes de risas infantiles que alegraban mi suave contoneo, abandonada al azar de una brisa cálida que invadía mi cuerpo, introduciéndose suave y profundamente por todos los recovecos de mi cuerpo, recordando entonces un placer humano y retomando la conciencia de la energía universal que de mi se apoderaba sutil y sensualmente....
 
Soñé que alguien me ofrecía su mano, una mano suave y recia que transmitía una seguridad antes desconocida, y soñé que me agarraba a ella con la calma con la que se da la mano a una madre. Una mano que dirigía mis pasos entre caminos plagados de flores suaves y arómaticas, de color malva, blanco, amarillo, azul y rosa, entre caminos abiertos de color verde que se extendían hacia el horizonte sin que pudiera distinguirse siquiera donde empezaba o donde podría finalizar aquel camino.

Soñé que descansaba entre algodones, olvidando las armas que en el pasado tuve que empuñar en mil y un batallas, abandonándome a la certeza de que alguien vigilaba por mí. Y descansé en mi sonrisa y mi corazón, limpio, lleno, satisfecho.
Soñé que las calles se desplegaban creciendo a mi paso y mostrando un cielo hermoso, amplio y limpio que no recordaba haber visto más que en aquellos días de verano cuando el sol aún se dejaba ver.
Y soñé que no necesitaba más que aquellos parajes hermosos para despilfarrar la vida, acunándome en la luna y saltando entre los rayos del sol...

Soñé con soñar eternamente y no tener que despertar, sin percatarme de que la envidiosa vigilia se acercaba velozmente y con su látigo de lucidez se disponía a aniquilar de una brusca sacudida, aquel, mi paraiso particular, arrancando de golpe la dulzura del momento y mostrando un paisaje turbio, apagado y gris, adornado de lluvia y silencio, inseguro y hostil, en el que ahora, y por tener un motivo que me lleve allí de nuevo, solo sueño con soñar....

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