jueves, 10 de octubre de 2013

LA MUERTE DE SALOME

Salomé ha enfermado, sus fuerzas se agotan irremediablemente y no hay medicina que pueda ayudarle.
El diagnóstico es confuso, puede ser tristeza, puede ser incomprensión, aunque tal vez lo que está matando a Salomé es la decepción constante. Un alma de guerrera sumergido en un corazón que late tan fuerte que se ha desgastado, por los lances de la vida, por el vacío humano, porque nadie comprende lo que quiere trasmitir.
Tachada de mil cosas, criticada por su carácter y juzgada por sus opiniones, posiblemente situadas en un estadio de consciencia superior a lo general y por eso no comprendido, Salomé se ha rendido porque el mundo a su alrededor sólo hace la versión como quiere, porque solo escucha palabras que muestran la baldía superficie en la que se ha quedado la gente y que sólo saben achacar al mal humor o al vinagre emocional lo que ella trataba de narrar o denunciar a su manera, de corazón y con toda la sinceridad que arrastrará hasta el fin de sus días.
Pensamientos afilados que cortaban la falsa moral y la pésima educación, la putrefacta sociedad y las burlas sociales a las que nos someten los de arriba, o pensamientos punzantes que se clavan en el corazón, recordando historias pasadas, pidiendo perdón a los que soportaron los latigazos salomónicos o declaraciones de sentimientos guardados a fuego en el alma, todo lo contado ahí quedará, desapareciendo con el tiempo y vagando por una red de infinitos hilos que no sujetan nadan...
Ya no habrá niñas de color morado que nos cuenten quienes son, ni sueños que seguir soñando, lo que nos mata dejará de hacernos más hijos de puta y la luna no dejará de estar sola....
Salomé se retira a sus aposentos, a morir en calma y en silencio, rodeada de sus palabras guardadas ahora solo en papel, un papel que tal vez algún día alguien rescate y guste leer...

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